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Juan David Quintana: una vida al servicio de causas nobles y altruistas

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Juan David Quintana: una vida al servicio de causas nobles y altruistas

El día que asesinaron a Juan David Quintana en un barrio popular de Medellín, el miércoles 27 de mayo del 2015, exactamente un mes antes, caía doblegado por balas mercenarias Luis Fernando Wolff, profesor jubilado de la Universidad Nacional. 

Con ellos se ampliaba a más de un centenar la lista de líderes sociales y defensores de derechos humanos ultimados en todo el país en los últimos años; un anuncio tétrico de que la guerra silenciosa que mantienen quienes se oponen a la paz iba a cobrar vidas del campo popular, precisamente aquellas comprometidas con la participación social y política de manera pacífica. Aceptar dicha realidad hiere nuestra conciencia. Si ya habían empezado a descender las muertes por los enfrentamientos entre el Estado y las guerrillas, creando una calma esperanzadora entre enemigos históricos, ¿por qué ensañarse contra los líderes sociales? ¿Cuál es el mensaje? ¿Por qué el acuerdo de paz lo van a pagar con sus vidas los más vulnerables e indefensos?

Juan David dedicó su vida desde joven al trabajo comunitario, al estímulo de la lectura en los niños y niñas desde la Red de Bibliotecas, a la defensa de los recursos del presupuesto participativo, a la Mesa de Derechos Humanos de la comuna 6, hacía parte de diferentes organizaciones como Núcleo de Pensamiento, Forjando Huellas y el colectivo Movilicémonos Pueblo. Consecuente y enamorado padre, consideró que la lectura, el arte y el teatro eran fundamentales en la formación de los jóvenes. Fue un convencido de la solución política del conflicto armado. 

 Luis Fernando Wolff fue un abnegado luchador y activista político. Desde joven y como profesor universitario participa de las luchas estudiantiles, de profesores y sindicales en favor de una educación pública de calidad y universal. Sus últimos años los dedicó al trabajo político con el Polo Democrático y con el Frente Amplio por la paz, donde impulsó la idea de que era fundamental la unidad del campo popular en torno a la paz y la justicia social.   

Entre Juan David y Luis Fernando había muchas cosas en común. Compartir esta misma ciudad con sus graves problemas y virtudes, con sus grandes injusticias y la inseguridad que la caracterizan; pero también sus atractivos, sus inmensas montañas verdes y los veranos recalcitrantes, la incertidumbre de las noches y rumbas de la ciudad, pero igualmente la certeza de que había mucho por hacer para transformar las difíciles condiciones de miles de sus ciudadanos por una vida digna. Compartían por igual la firme convicción de que había que cambiar por medios pacíficos la sociedad colombiana, sus históricos problemas, la enorme brecha de injusticia que reina, y la necesidad de ponerle fin por medio de un acuerdo político al largo conflicto armado colombiano. 

Este mes nos recuerda con tristeza y dolor sus partidas involuntarias, como la de miles de compatriotas que han sido inútilmente sacrificados en nombre de una nación que necesita y merece reencontrarse y convocar a todos sus ciudadanos por una paz y reconciliación donde reine como principio el derecho a la vida. 

La vida de dos compañeros del movimiento social y popular como Juan David Quintana y Luis Fernando Wolff, inútilmente sacrificadas, nos sirvan para rendirles tributo por su entrega, abnegación, nobleza y altruismo. Llevar en alto sus ideas y la firme convicción con que las mantuvieron a pesar de las amenazas contra sus vidas, sin ceder a las pretensiones de quienes los asesinaron, es el mejor homenaje que podemos rendirles en esta hora de reconciliación, paz y justicia social para Colombia.